3.30.2018

Me has hecho mucho daño. Y aún me cuesta aceptarlo. Me resulta increíble. Aún intento ¿excusarte? No lo sé. Sé que no eres así, pero que sí te comportas así. Las causas, las desconozco, el efecto lo conozco bien. Seis meses (más lo anterior) y sigue doliendo. Se suman muchas más cosas, también las mentiras de la política en el trabajo (menos mal que la realidad la cuentan los compañeros del día a día). El caso es que he vuelto a caerme. Y me siento gilipollas. Algo que he aprendido estos meses es que los juicios no sirven para nada, pero sigo juzgándome. El aprendizaje es tan sumamente lento... La paciencia también me cuesta aprenderla. Pero pensaba que estaba mejor.

Pensaba que estaba más fuerte, que me estaba aprendiendo a querer más a mí misma y eso me hacía tener. a su vez. más fuerza. Ese auto-amor que me llevaba a intentar no dejarme tratar mal por otras personas, tú entre ellas, hoy no sé dónde está. 

Quiero pensar que es agotamiento. Que el cerebro me la juega, intentando racionalizar, buscar "porqués" (cuando nunca hay un porqué). Quiero pensar que cuando haya conseguido descansar, dejaré de sentirme así, dejará de dolerme todo lo relativo a ti, y podré vivir plenamente lo que sea (bueno o malo), pero descansada. Ahora mismo no puedo más.

Es como tener un cable de alta tensión por dentro.

Y la cabeza inundada.

Y la garganta rota.

Yo sólo quiero estar tranquila. Que dejes de importarme tanto. Devolver el amor a los que realmente me aman. Y vivir.


12.09.2017

No soy un recuerdo. Soy real. Soy alguien real con quien construir más recuerdos. Alguien con quien superar problemas y malos momentos, y con quien reír después de la tormenta. Soy alguien con quien cumplir sueños para que nuevos sueños entren y tengan su espacio. Alguien con quien sorprenderse. Alguien con quien viajar a todos los océanos y perderse en la isla del fin del mundo.

No soy una pareja.
No soy una amiga.
No soy una compañera.
Ninguna etiqueta sirve.

Sólo sirve saber lo que uno quiere de verdad: lo que permanece ahí, presente día tras día, en lo más profundo y verdadero de la mente y del corazón, a pesar del caos exterior, que no es más que niebla.

No hay etiquetas. Sólo hay vida hacia la que escapar, a la que lanzarse, mandando el miedo a la mierda.

Yo lo estoy haciendo. Y querría que tú lo hicieras.

Aquí o en la isla del fin del mundo, 
estaré a tu lado siempre que quieras.

11.27.2017

Hoy preguntaría, a los que me han querido alguna vez como su compañera, qué cosas buenas les aporté. 

Qué cosas malas. 

Y cuál es el balance, habiendo descubierto años y, supuestamente, madurez.



Las reglas del juego son 
Caerte y levantar 
Y esperar una señal 
Cuando caiga la noche 

(...) 

Cada lección aprendida 
Merece el precio pagado 

Las circunstancias son las que son 
En el momento preciso 
Yo no soy quien decido 
Lo que marca el reloj 

Es el lugar al que pertenezco 
La seguridad total 
Al filo de un cuchillo 

11.23.2017

Hay algo que siempre me ha costado mucho, a lo largo de toda mi vida, que es pedir ayuda. 

Todo radica en no querer molestar, especialmente a los seres queridos. Pero esta ruptura, con quien creía que iba a crear una vida juntos, me está resultando imposible de manejar sola. Así que he pedido ayuda. 

No sólo están ahí familia y los amigos que sabía iban a comportarse como tales. Ellos escuchan, abrazan, hablan, besan. Están.

Ahora está una mujer, Laura. Es la persona que me va a ayudar a descubrir qué es eso que hace que me dé tanto miedo molestar, miedo a decir lo que siento, lo que pienso, lo que quiero, sin hacer daño. Y además de descubrirlo, a cambiar: a que deje de darme miedo.

Laura ayer me explicó que una relación es circular. No es causa-efecto. Por lo que no tenía sentido mi sensación de "soy culpable de esta ruptura porque no sé expresarme". Me explicó lo siguiente:

Yo (A) tengo miedo a hablar por no molestar. Eso puede hacer que la otra persona en la relación (B) se incomode. Pero si B no es capaz de crear un entorno en el que yo me sienta segura y cómoda para expresarme, no lo está haciendo bien, ya que yo me retraigo más. Y si, cuando venzo el miedo, al comunicarme lo que encuentro por parte de B es hermetismo, distancia, frialdad... Pues A se hace aún más pequeñita y se vuelve aún más invisible y triste.

Es un círculo. 

Pero ese círculo puede romperse. Laura me decía: A y B pueden crecer, retroalimentarse para bien, y ser felices.

Para ello, al menos esta parte, A, va a trabajar. Porque quiero, necesito ser capaz de, cuando me pregunten "dime algo bueno de ti", ser capaz de responder porque lo oiga en mi interior. Y no romper a llorar porque escuche el vacío.

"Ahora no escuchas esa voz que te dice lo bueno de ti porque estás insegura, porque estás mal. Pero la oirás. Vamos a trabajar en ello y todo irá mucho mejor."

Hoy puedo decir algo bueno de mí: ante los problemas, no huyo. Busco soluciones, aunque éstas tarden más o menos en llegar. 

Y si no soy capaz de encontrar sola esa solución, pido ayuda.


Pero no huyo. Y eso es bueno.

11.21.2017


Hoy te elijo a ti para estar en mi vida:
te elijo cada día, consciente y libremente.
 
Mi amor no será un problema jamás.
El problema, jamás 



Si algo no sale bien, serás mi constante 

11.18.2017

"No me gustan las 'espantás'. Si se quiere estar, se está."


Tiene razón. Se está. Contra viento y marea, así como con vientos alisios. Con ganas de mandar a la mierda como con ganas de hacer mimos. Se está. Salir corriendo no se pasa nunca por la cabeza.


He heredado ese concepto de relación. Y no soy la única. Mis amigos también lo tienen. No es algo desfasado. Todo esto me hace pensar que ese es el enfoque adecuado. El que consiste en QUERER:



Yo quiero.

Yo te quiero a mi lado.
Yo te quiero en mi vida.
Y me quiero en la tuya.

Nos quiero con las ideas claras. Con la importancia de querer al otro, a pesar de todo.


Sin espantás que valgan.



"Más allá donde no alcanza la vista llegaban mis expectativas." 

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Los milagros existen, como dice Iribarren. Y luego duelen. 

Las "espantás" son las que acaban con los milagros.



Yo prefiero estar. Prefiero creer en los milagros. Y que mis expectativas sean tan grandes como el mar.



Fuimos el mar. Seamos océano.

11.12.2017

Cuando quieres a alguien, cuando alguien te importa de verdad, estás. Permaneces.

Puede que pienses que no sabes hacer más, que no es suficiente. Pero lo importante lo has hecho. Quedarte.

Sea más o menos complicado ese paso más de la vida. El caso es que estás.

El resto del camino ya se resolverá, por enrevesado que resulte, en buena compañía familia, amigos, amor.

Si, por el contrario, te asustas y huyes, si lo que sueltas es la mano de quien decías amar, de la persona con la que decías crearías tu vida, tu familia, tus sueños... Entonces parece que esa persona no ha sido más que un juguete temporal, una anécdota de ilusión pasajera. 

Si la confusión, el miedo te han hecho hacerme esto, pero estás convencido de quererme en tu vida, convencido de que valgo más que putos trabajos de futuro incierto, entonces vuelve. 

Porque yo sí estoy. Permanezco.

Porque yo aún te quiero en mi camino.