7.06.2007

Me imagino un viaje. Un viaje a algún lugar demasiado lejano como para verlo apresuradamente. Me imagino un viaje ligero, lento, encontrando todos aquellos colores que una vez nos robó el hormigón: verde rojo añil amarillo violeta. Colores que nos dejarán asombrados al ver que aún somos capaces de recordar.

Encontraremos a gente, nuevas personas de tiempos antiguos, enclaustradas en un nuevo y hermoso amanecer repetitivo que les conduce a algún destino cierto, más cierto que el nuestro, ahora, donde no somos capaces de sentir qué hay más allá de los límites de un futuro pequeño, plastificado, condicionado por los plazos de bancos y compañías de seguros...

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Lo mejor que me pasó en la vida fue conocerte. Encontrarte reclinado sobre el puesto de frutas, dando unas voces tremendas al tendero, que tampoco era mudo precisamente. Me pareció una estampa curiosa: un occidental, con sus pantalones surferos y gafas de sol, y un hindú, con turbante; los dos morenos, de ojos grandes aún más abiertos si cabe por tanta indignación, y colorados los rostros como tomates, con las venas del cuello a punto de estallar de tanto como estábais disfrutando con semejante trifulca.

Así que saqué la cámara de fotos y disparé. Aún recuerdo lo que me costó aguantar la risa al ver vuestra cara de sorpresa, súbitamente callados. Incluso llegué a bajar la cámara, azorada, tras unos instantes. Pagaste al tendero el precio de una manzana, ni más ni menos; él cogió el dinero con perfecta indiferencia, olvidando que apenas hacía unos segundos que podía haber estallado un conflicto internacional a base de tomatazos.

Te acercaste a mí, sonreíste y me dijiste "vamos". Eso fue todo.

Desde entonces te acompaño. Por una vez, no me planteé nada más. Ese fue, quizá, El Acierto.

2 comentarios:

.María. dijo...

Muchas veces me pregunto qué hace una chica como tú tan cerca de una ciudad tan poco agraciada como Madrid. Claro, luego pienso en el cortinglés o en el womansecret y se me aclaran la mayoría de las dudas. Jajajajaja.

Un beso de día lluvioso.

Iván dijo...

Y donde menos te lo esperas...

Coincido con maría, Madrid es tan impersonal que nos hace perder los sentidos, la capacidad de sentir y de apreciar lo pequeño, lo humilde.

Saludos!