4.21.2015

Nada, oye. Que me ha dado por Ricardito.



Ay Señor, quién parase en Méjico para echar unos bailes.

Hay días que te puedes permitir el lujo de ser moñas. Y hoy es uno de esos días.

4.11.2015

Ella simplemente se tumbó en la cama, de lado, a su lado. Y se hizo un ovillo lo suficientemente cerca de su cuerpo como para olerle sin atreverse a tocar. Y esperó.

Él acarició con mucho cuidado, apenas rozando con los dedos, la línea de su cara en la que empiezan a caer mechones de pelo. Los apartó como temiendo despertar a alguien. Y besó su frente.

Ella ocultó la cara en su pecho, escondió su sonrisa.

Él la abrazó. 

Y todo siguió el curso tranquilo que debía.





(Empiezo a soñar contigo. Esto se pone interesante.)

3.29.2015

Fatiga tanto andar sobre la arena
descorazonadora de un desierto,
tanto vivir en la ciudad de un puerto
si el corazón de barcos no se llena.

Angustia tanto el son de la sirena
oído siempre en un anclado huerto,
tanto la campanada por el muerto
que en el otoño y en la sangre suena,

que un dulce tiburón, que una manada
de inofensivos cuernos recentales,
habitándome días, meses y años,

ilustran mi garganta y mi mirada
de sollozos de todos los metales
y de fieras de todos los tamaños.


(Miguel Hernández)


3.28.2015

El corazón es agua
que se acaricia y canta.

El corazón es puerta
que se abre y se cierra.

El corazón es agua
que se remueve, arrolla,
se arremolina, mata.



Miguel Hernández
(30/10/1910 - 28/03/1942)

3.25.2015

Nada que decir. Nada que pensar. 

Casi no merece la pena ir más allá de unas cuantas sensaciones. Las justas para pasar el día.

Girar la cara hacia el hombro y respirar: el olor de un mechón de cabello recién lavado se cuela discretamente, sin permiso, fresco y familiar.

Cerrar los ojos: la bola de ansiedad desciende hasta el diafragma, desapareciendo mientras bajan los párpados y el aire. Como si fuera la última espiración del universo. 

Volver a coger aire. Abrir los ojos.

Todo sigue igual. 

Todo es nuevo.

Recordar que cada momento es uno. No hay un continuo: es ilusión. Señales discretas indicando un camino que no existe.

Yo sólo quiero saber lo que no está escrito, por eso me desespero, por lo indecible e inabordable.

Mi vida, como digo, a veces me desespera, y sólo los instantes que robo al ahora, venidos de todo aquello que no controlo, son los que me reconcilian con la intención de seguir adelante, aun desconociendo el modo, el donde, el cuando.

Por eso cada vez me alejo más de mi arista "humana", prefieriendo la crudeza y honestidad de las bestias. Descansando al recordar que soy un animal: todo da igual, salvo el ahora. Adaptación, supervivencia. Amargura y dulzura, conviviendo sin necesidad de lógica, casi plácidamente.

Por eso no merece la pena ir más allá de unas cuantas sensaciones. 

Las justas para pasar el día.

3.18.2015

"Te quiero, yo a ti te quiero
como las peras a los peros.

Te amo, yo a ti te amo
cuando te pierdo y cuando te gano."

3.12.2015

A raíz de un incidente en el trabajo con una compañera, llevo días pensando acerca de la gente "mala". Así define otra compañera a las personas que buscan ser populares y centro de atención a base de ser mezquinas, a costa de aparentar sonrisas de frente y llenar de barro a la espalda, a hacer mofa continua de alguien aunque en algún momento tengan que sufrir ellas esta misma mofa. 

Gente mala.

No hace mucho también escuché que precisamente en el momento en que se ataca, difama o humilla a un tercero para hacerse uno el gracioso, esa persona deja de tener gracia. Y pierde el respeto del que pudiera ser digna.

Pero cuántas personas conocemos en el día a día que cumplen a pies juntillas con estas características. Y cuántas consiguen arrastrar a otras.

¿Gente mala?

Puede que sí: maldad por pobreza; maldad por no tener mejor manera de destacar; por frustración; por no entender que no hace falta ser mejor que otro, ya que eso nunca va a ocurrir; por envidia, estrechez de miras, inseguridad...

Pero en definitiva, gente mala.

Es complicado vivir tranquilo sin estar en ese grupo, sin "saber" aplicar el grado de cinismo adecuado para ser aceptado y, como consecuencia, medrar (ventajas que conlleva formar parte de un frente popular, aunque no el de judea). Las etiquetas empiezan a aparecer por doquier: intransigente, asocial, malhumorada, talibana... E incluso se pueden volver las cosas en tu contra, basándose en esas apariencias y manipulaciones, hasta el punto de quedar tú como mala: falta de empatía, cobarde, persona falsa, manipuladora, traidora... El mundo al revés. Mi psicóloga se habría echado a reír: no dan una.

Y te quedas en un pequeño reducto, como la aldea gala, pero con pocos galos como tú. A veces es muy difícil encontrar uno de esos galos (tendemos a escondernos para que nos dejen en paz), pero cuando encuentras alguno, y ambos conseguís descubrir que el otro es "de ley", suspiras aliviado, sonríes por dentro, y te reafirmas: yo no soy el malo, y pese lo que pese, voy a seguir así.

Puede sonar presuntuoso esto que escribo, pero como estoy cansada lo "digo" en alto: yo no soy la mala, soy buena. Lo quieran ver los demás o no me es indiferente; con que unos pocos, los que importan, lo sepan, será (espero) suficiente para que me resbale la mala baba de otros.

He dicho.

:)



2.27.2015

¿Recuerdas cuando estuvimos en Yuste? Ese día te hice una foto en particular. Recuerdo mirarte a través del objetivo, bajar la cámara, seguir mirándote y pensar que podría hacerme vieja a tu lado, seguir viéndote tan guapo como en ese momento, con un montón de años más a las espaldas, con canas o calvo, con arrugas, gordo o flaco. Recuerdo que en ese momento supe, con toda tranquilidad, que podría seguir queriéndote sin temor al tiempo.

Después supe que tú, durante esos días, pensabas dejarme. Una vez más, y de nuevo sin ser capaz de decirlo.

Hoy me he recordado en un aparcamiento de unos cines, en mi coche, llorando, después de que te fueras habiendo usado mi intento de aclarar cosas para acercarnos como tu puerta de escapatoria.

"Ve a conquistar al mundo con tu música."

No sé qué había en esa frase: rencor, ironía... Yo lloraba.

Mi música es bastante suave, pero existe para quien quiere escucharla. Tímida, pero con suerte cada vez con menos miedo de poder volver loca a la cabeza que la contiene. Cada vez más calma y más fuerte.

Seguiré tomando fotografías e imaginando canas de quien me escuche cantar.

Por eso procuro rodearme de quien bien me quiera, para que nunca más me dejen llorando, sola, en un parking.

2.26.2015

Tengo la suerte de haber reencontrado a Tatus, y aunque no le veo, le tengo "ciber-al-lado". Es un tipo que siempre me ha gustado: su forma de ser, su humor, sus principios, su forma de pensar...

Hoy comparte en su muro un vídeo que simple y llanamente, me parece fetén. 



¿Cuántas veces "hay que...", "tienes que...", "debes hacer...", bien sea porque es lo que se espera de ti en un momento dado de la vida, o porque de no hacerlo socialmente serás un fracasado? Es complicado pelear con todo eso, día a día, hora a hora, y contra los condicionamientos de todas y cada una de las personas que, a su vez están condicionadas. Y asustadas. Por no hacer lo que se espera de ellas y, en definitiva, temen fracasar. La apariencia. Una vez más. Apariencia que oculta el miedo.

Al carajo :)

2.25.2015

No soy yo mucho de los famosos carteles de "Keep calm and...", pero éste me ha hecho mucha gracia, y viene que ni pintado.



2.24.2015

“Tom, don't let anybody kid you. It's all personal, every bit of business. Every piece of shit every man has to eat every day of his life is personal. They call it business. OK. But it's personal as hell. You know where I learned that from? The Don. My old man. The Godfather. If a bolt of lightning hit a friend of his the old man would take it personal. He took my going into the Marines personal. That's what makes him great. The Great Don. He takes everything personal Like God. He knows every feather that falls from the tail of a sparrow or however the hell it goes? Right? And you know something? Accidents don't happen to people who take accidents as a personal insult.” 
― Mario Puzo, El Padrino.

Este párrafo de Michael Corleone destaca como un rayo de sinceridad absoluta y brutal en una historia donde la hipocresía trasciende y pasa a ser un arte peligroso en una sociedad especialmente peligrosa: "no es nada personal; son sólo negocios" es la breve frase que destila esa hipocresía, chocando frontalmente con el párrafo anterior. Esto es: el aparentar eterno para que no descubran tus intenciones, aun cuando tus intenciones vengan, inevitablemente, de lo más hondo de tus tripas y tu cerebro.

"They call it business..."

La separación entre lo personal y lo profesional que se vende como algo correcto y necesario queda en mera corrección política.

Todo es personal. En cualquier ámbito, cualquier situación. A solas o no, pero todo, absolutamente todo, es personal.

2.22.2015

- This is not the first time you look at a woman this way.
- No. But every woman is different.


She is beautiful. Wonderful. Soft, kind and tender. Powerful. Passionate and realistic. And even more delicate than me. 

I would love to find her, in any old street in Madrid, or wherever the city, to hide in a corner and just kiss her lips. No more than that. A total privilege.

Maybe (who knows) one day I'll find a person, no matter the sex, to share an intimate, unique moment in life that we both only can treasure. No tags. No judgments. 

Everyone is different.
Últimamente me considero un alien con suerte. Las cosas cotidianas de la vida van por su carril, con sus baches y sobresaltos, pero por su carril. Hasta que cambie. Y sé que en un momento u otro cambiarán todas. Quién sabe hacia dónde. Miro hacia el sur: imagino granados y almendros; imagino desiertos protegidos al lado del mar. 

Esta noche paseaba por una zona tranquila. Se oía el run-run continuo de los coches, lejano pero permanente; y a algún perro ladrar. El frío resultaba incluso agradable: hacía que la luna, Venus y Marte brillaran en el cielo con total nitidez. No era un mal paseo, pero notaba en los oídos sensación de vacío. Y rápidamente me daba cuenta de que añoraba las olas.

Algún día, espero, cambiará el carril. O no, pero prefiero pensar que sí. Yo haré lo que esté en mi mano a cada momento. Un alien cabezota. Incapaz de identificarme con las etiquetas que "definen" el comportamiento de una mujer. Y tampoco el de un hombre. Clichés que me sorprenden una y otra vez, por más que los vea, porque no consigo identificarlos: no tengo en mí una referencia. 

Entre esto y otras cosas, el día a día a veces se complica. Aunque voy aprendiendo que es cuestión de dejarlo ir. Y volver a casa. Sea el lugar que sea, pero con el calor de quien realmente me importa. E importas.

Recuento amigos. Amigos de verdad. Me vienen cuatro personas a la cabeza inmediatamente. ¡Cuatro! Son muchas, y me alegro. Y otras dos más aparecen casi acto seguido. Personas en las que poder confiar, con las que poder contar con los ojos cerrados, que perduran con el paso de los años. A veces lejos en distancia, a veces lejos en el reencuentro, cada uno en sus carriles rutinarios, pero siempre ahí, atemporales al fin y al cabo, sabiendo dónde están los otros. 

Después pienso en la familia. Y sonrío. No hace falta más análisis.

Y después pienso en el inmenso número de personas que voy conociendo año tras año. Hay de todo: algunas veces hay sorpresas muy desagradables (sobre todo provenientes del tipo de trabajo en el que aún me desenvuelvo) donde predomina el ansia de "trepar", la ambición mal entendida, la inseguridad mezclada con el egoísmo y egocentrismo, con la necesidad de "cumplir" con los clichés de éxito y apariencia, donde perdura humillar a otros por la espalda para así alejar de uno los puñales. 

Otras veces las sorpresas son una delicia: me vienen a la cabeza sonrisas, abrazos, risas y más risas, confianza, tonteos incluso, respeto, aprendizaje, emoción, y tanta alegría compartida a veces en pocos segundos que se contagia y desborda.

Cuando me entra el miedo por pensar si no seré un alien demasiado solitario, me doy cuenta de que no cumplo los clichés. Las etiquetas no terminan de quedárseme pegadas. Y miro primero a mis gatos. Luego mis manos. Y sonrío al ver cómo mi cuerpo pequeño tiene una vida que se aleja de lo esperado, dentro de la normalidad; sonrío porque tengo mucho, y porque aquello que no me llena es temporal; sonrío porque veo caminos y porque sé que hay muchos otros que ni siquiera sé cuáles son y llegarán. Me gusta pensar eso. Me gusta saber que todo lo que he pasado, bueno y malo, es lo que tranquilamente me va llevando.

Como las olas que hoy echaba de menos. 

Eternas. 

2.19.2015

Desde tus alturas, y ese silencio tímido disfrazado de tipo rancio que apenas mira a la cara, veo que te cruza una sonrisa apenas he abierto la boca para hacerte una broma. Me miras de frente. Y aunque soy consciente de que la realidad impera, aunque todo quede ahí, es lindo vivirlo, sin más pretensiones.

Cuando paro la mente, viene el momento en que me mandaste una primera canción:


A esa canción han seguido otras. Pero ninguna, como comentamos ese día, te deja libre como ésta.

"I must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky..." just to try to forget how fullfilling it would be if you said something to me now.


1.09.2015

¿No os dais cuenta de la necesidad que tiene la gente de creer en algo más allá de ellos mismos? Porque no creen en ellos. Ni creen en quien tienen al lado. Porque no confían y aprenden a no confiar. A eso son enseñados. 
Porque tienen miedo y del miedo se aprovechan los que, con más poder que los que están más abajo, siguen sin creer en quien tienen al lado. Siempre hay que pisar para trepar más alto. Da igual el cráneo que sea. Da igual el coste.

Qué difícil es enlazar con otro alma. De nada sirven para esto las religiones. Porque para encontrarse con uno mismo hay que encontrar al resto. Y estamos todos temiendo mirar al lado.



12.16.2014


Lo que faltaba. Ahora vas y me recuerdas lo que no hice. Me señalas lo que nos faltó. Lo que debería haberte hecho y no te hice. Lo que debería haberte dicho y no pronuncié. Lo que debería haber sentido y jamás sentí. O lo que no fui capaz de poner. La omisión, esa culpa por lo que no se ve, ese reproche al vacío de lo que ya se fue. Nadie debería echarse en cara lo que faltaba. Y sin embargo, cuántas ausencias fueron más causa que consecuencia, cuántas relaciones se acaban por razones ajenas a la realidad.
Lo que faltaba. Siempre lo que faltaba. Sólo y únicamente lo que faltaba. No sé qué tiene lo que faltaba, que jamás puede llegar a ser compensado por lo que sí estuvo, por todo lo que sí se dio. Es así de jodido. Así de inexorable. Así de mal. Te guste o no. Y es que por muy completa que fuese tu relación, por mucho que se exprimiese el amor, siempre habrá más cosas que se quedaron fuera. Porque todo fuera será siempre más grande que cualquier dentro. Por definición. Por eso el dentro es más precioso. Por eso hubo que protegerlo lo mejor que supimos. Por eso al cabo del tiempo se nos escapó. Por eso se nos escurrió entre los dedos. Porque se diluyó lo que sí teníamos entre todo lo que faltaba y todo lo que al final nos faltó.
Lo que faltaba. Lo que ya no puedes ni deseas cambiar. Por mucho que lo intentes, ya es tarde y ahora sería hasta de mal gusto, fatal. Como ese beso en la mejilla de cualquier ex. Como esas cartas que no son ni devueltas al remitente porque el destinatario ya cambió de dirección. Como esa llamada perdida en el móvil del que ha muerto, que nadie se molesta ni en contestar. Las cosas que llegan tarde no es sólo que estén desfasadas, es que están mal. No sólo por su momento, sino por su intención. Porque es la intención la que se nos quedó caduca. Y nos recuerda lo que sentimos y ya no está vivo. Lo que fuimos y jamás volveremos a ser. Porque volveremos a ser otra cosa. Pero eso ya no.
Lo que faltaba. Verte preciosa. Verte radiante. Verte feliz. Todo lo que siempre quise para ti. Y resulta que sólo lo consigues gracias a no estar conmigo. Esa luna llena que hoy todos admiran está patrocinada por este sol que ya se va. Justamente el único selenita que sobraba en el firmamento de tu vida. Me voy atardeciendo y tornándome rojizo, enfriándome de a poco y a sabiendas de que cuanto más me ausente, mejor estarás, mejor te irá. Para que otros puedan contemplar la belleza de lo que hicimos juntos. Lo mucho que tú eres gracias a lo poco que yo fui. Y mientras, sigo vagando por la otra cara del mundo, tratando de convencerme de que volveré a encontrar otro satélite, aunque los dos sepamos que ya no hay más.
Lo que faltaba. Encima va y me dices que ahora sí que has cambiado. Que has aprendido tanto de nuestra ruptura y de nuestra relación. Que cometerás quizá otros errores, pero esos ya nunca más. Ahora que ya aprendiste, ahora va y lo va a disfrutar el siguiente. Él, ese individuo al que aún no conoces ni tú, pero que ya puede contar con toda mi envidia y frustración. Él, sin duda algo menos capullo que yo, que te encontrará al final de nuestro camino y no tendrá que pasar por lo que pasamos los dos. Él, un cualquiera que te llevará hasta vete tú a saber dónde, y si lo consigue, si es que tiene el valor y el coraje de conseguirlo, siempre habrá sido gracias al recorrido que juntos hicimos los dos.
Dale las gracias por conseguir todo aquello que yo no supe.
Y una buena patada en los huevos. Que eso también nos faltó. H





Leo esto, escrito por R. Mejide, y compartido por una compañera de trabajo. E inmediatamente me viene tu nombre a la cabeza. Las veces que me dijiste que pensabas que yo no era feliz por tu culpa. Y cuántas veces después de que te fueras he pensado que, en cierto modo, así era. No porque sobraras, sino porque en tu naturaleza estaba el ser cobarde; necesitabas que decidieran por ti; necesitabas una madre, no una compañera. No eras capaz de entender la independencia estando juntos, lo hermoso de construir un camino con las diferentes piezas que aportaba cada uno. Y yo lo hice mal, porque me anulé mientras seguía a tu lado y creía en ese proyecto. 

A día de hoy me sigue doliendo, atenuado, lo que queda de una herida que fue grande, demasiado grande. Y como bien dice Mejide, seguro cometeré otros errores, pero aquellos nunca más: he aprendido, y no sé si habrá un "siguiente", lo que está claro es que no volveré a anularme. Será el mejor regalo por amor que pueda hacer a quien de verdad tenga el valor de quererme.

"Las cosas que llegan tarde no es sólo que estén desfasadas, es que están mal."

12.02.2014


A veces, cuando uno sale del mar, es como si volviera a las sombras.

11.12.2014

La sensación de vacío y búsqueda que a veces cuesta aplacar desaparece mirando su superficie, sea seda o roca. Me devuelve la calma, me permite dormir mientras la escucho mecerse. 

Es como volver a casa.


I must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky,
And all I ask is a tall ship and a star to steer her by,
And the wheel's kick and the wind's song and the white sail's shaking,
And a grey mist on the sea's face, and a grey dawn breaking.

I must go down to the seas again, for the call of the running tide
Is a wild call and a clear call that may not be denied;
And all I ask is a windy day with the white clouds flying,
And the flung spray and the blown spume, and the sea-gulls crying.

I must go down to the seas again, to the vagrant gypsy life,
To the gull's way and the whale's way, where the wind's like a whetted knife;
And all I ask is a merry yarn from a laughing fellow-rover,
And quiet sleep and a sweet dream when the long trick's over.

(John Masefield)

11.10.2014

Oh, I beg you, can I follow?
Oh, I ask you, Why not always?
Be the ocean, where I unravel
Be my only, be the water where I'm wading


Deep sea baby, I follow you.