- This is not the first time you look at a woman this way.
- No. But every woman is different.
She is beautiful. Wonderful. Soft, kind and tender. Powerful. Passionate and realistic. And even more delicate than me.
I would love to find her, in any old street in Madrid, or wherever the city, to hide in a corner and just kiss her lips. No more than that. A total privilege.
Maybe (who knows) one day I'll find a person, no matter the sex, to share an intimate, unique moment in life that we both only can treasure. No tags. No judgments.
Everyone is different.
2.22.2015
Últimamente me considero un alien con suerte. Las cosas cotidianas de la vida van por su carril, con sus baches y sobresaltos, pero por su carril. Hasta que cambie. Y sé que en un momento u otro cambiarán todas. Quién sabe hacia dónde. Miro hacia el sur: imagino granados y almendros; imagino desiertos protegidos al lado del mar.
Esta noche paseaba por una zona tranquila. Se oía el run-run continuo de los coches, lejano pero permanente; y a algún perro ladrar. El frío resultaba incluso agradable: hacía que la luna, Venus y Marte brillaran en el cielo con total nitidez. No era un mal paseo, pero notaba en los oídos sensación de vacío. Y rápidamente me daba cuenta de que añoraba las olas.
Algún día, espero, cambiará el carril. O no, pero prefiero pensar que sí. Yo haré lo que esté en mi mano a cada momento. Un alien cabezota. Incapaz de identificarme con las etiquetas que "definen" el comportamiento de una mujer. Y tampoco el de un hombre. Clichés que me sorprenden una y otra vez, por más que los vea, porque no consigo identificarlos: no tengo en mí una referencia.
Entre esto y otras cosas, el día a día a veces se complica. Aunque voy aprendiendo que es cuestión de dejarlo ir. Y volver a casa. Sea el lugar que sea, pero con el calor de quien realmente me importa. E importas.
Recuento amigos. Amigos de verdad. Me vienen cuatro personas a la cabeza inmediatamente. ¡Cuatro! Son muchas, y me alegro. Y otras dos más aparecen casi acto seguido. Personas en las que poder confiar, con las que poder contar con los ojos cerrados, que perduran con el paso de los años. A veces lejos en distancia, a veces lejos en el reencuentro, cada uno en sus carriles rutinarios, pero siempre ahí, atemporales al fin y al cabo, sabiendo dónde están los otros.
Después pienso en la familia. Y sonrío. No hace falta más análisis.
Y después pienso en el inmenso número de personas que voy conociendo año tras año. Hay de todo: algunas veces hay sorpresas muy desagradables (sobre todo provenientes del tipo de trabajo en el que aún me desenvuelvo) donde predomina el ansia de "trepar", la ambición mal entendida, la inseguridad mezclada con el egoísmo y egocentrismo, con la necesidad de "cumplir" con los clichés de éxito y apariencia, donde perdura humillar a otros por la espalda para así alejar de uno los puñales.
Otras veces las sorpresas son una delicia: me vienen a la cabeza sonrisas, abrazos, risas y más risas, confianza, tonteos incluso, respeto, aprendizaje, emoción, y tanta alegría compartida a veces en pocos segundos que se contagia y desborda.
Cuando me entra el miedo por pensar si no seré un alien demasiado solitario, me doy cuenta de que no cumplo los clichés. Las etiquetas no terminan de quedárseme pegadas. Y miro primero a mis gatos. Luego mis manos. Y sonrío al ver cómo mi cuerpo pequeño tiene una vida que se aleja de lo esperado, dentro de la normalidad; sonrío porque tengo mucho, y porque aquello que no me llena es temporal; sonrío porque veo caminos y porque sé que hay muchos otros que ni siquiera sé cuáles son y llegarán. Me gusta pensar eso. Me gusta saber que todo lo que he pasado, bueno y malo, es lo que tranquilamente me va llevando.
Como las olas que hoy echaba de menos.
Eternas.
Esta noche paseaba por una zona tranquila. Se oía el run-run continuo de los coches, lejano pero permanente; y a algún perro ladrar. El frío resultaba incluso agradable: hacía que la luna, Venus y Marte brillaran en el cielo con total nitidez. No era un mal paseo, pero notaba en los oídos sensación de vacío. Y rápidamente me daba cuenta de que añoraba las olas.
Algún día, espero, cambiará el carril. O no, pero prefiero pensar que sí. Yo haré lo que esté en mi mano a cada momento. Un alien cabezota. Incapaz de identificarme con las etiquetas que "definen" el comportamiento de una mujer. Y tampoco el de un hombre. Clichés que me sorprenden una y otra vez, por más que los vea, porque no consigo identificarlos: no tengo en mí una referencia.
Entre esto y otras cosas, el día a día a veces se complica. Aunque voy aprendiendo que es cuestión de dejarlo ir. Y volver a casa. Sea el lugar que sea, pero con el calor de quien realmente me importa. E importas.
Recuento amigos. Amigos de verdad. Me vienen cuatro personas a la cabeza inmediatamente. ¡Cuatro! Son muchas, y me alegro. Y otras dos más aparecen casi acto seguido. Personas en las que poder confiar, con las que poder contar con los ojos cerrados, que perduran con el paso de los años. A veces lejos en distancia, a veces lejos en el reencuentro, cada uno en sus carriles rutinarios, pero siempre ahí, atemporales al fin y al cabo, sabiendo dónde están los otros.
Después pienso en la familia. Y sonrío. No hace falta más análisis.
Y después pienso en el inmenso número de personas que voy conociendo año tras año. Hay de todo: algunas veces hay sorpresas muy desagradables (sobre todo provenientes del tipo de trabajo en el que aún me desenvuelvo) donde predomina el ansia de "trepar", la ambición mal entendida, la inseguridad mezclada con el egoísmo y egocentrismo, con la necesidad de "cumplir" con los clichés de éxito y apariencia, donde perdura humillar a otros por la espalda para así alejar de uno los puñales.
Otras veces las sorpresas son una delicia: me vienen a la cabeza sonrisas, abrazos, risas y más risas, confianza, tonteos incluso, respeto, aprendizaje, emoción, y tanta alegría compartida a veces en pocos segundos que se contagia y desborda.
Cuando me entra el miedo por pensar si no seré un alien demasiado solitario, me doy cuenta de que no cumplo los clichés. Las etiquetas no terminan de quedárseme pegadas. Y miro primero a mis gatos. Luego mis manos. Y sonrío al ver cómo mi cuerpo pequeño tiene una vida que se aleja de lo esperado, dentro de la normalidad; sonrío porque tengo mucho, y porque aquello que no me llena es temporal; sonrío porque veo caminos y porque sé que hay muchos otros que ni siquiera sé cuáles son y llegarán. Me gusta pensar eso. Me gusta saber que todo lo que he pasado, bueno y malo, es lo que tranquilamente me va llevando.
Como las olas que hoy echaba de menos.
Eternas.
2.19.2015
Desde tus alturas, y ese silencio tímido disfrazado de tipo rancio que apenas mira a la cara, veo que te cruza una sonrisa apenas he abierto la boca para hacerte una broma. Me miras de frente. Y aunque soy consciente de que la realidad impera, aunque todo quede ahí, es lindo vivirlo, sin más pretensiones.
Cuando paro la mente, viene el momento en que me mandaste una primera canción:
A esa canción han seguido otras. Pero ninguna, como comentamos ese día, te deja libre como ésta.
"I must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky..." just to try to forget how fullfilling it would be if you said something to me now.
1.09.2015
¿No os dais cuenta de la necesidad que tiene la gente de creer en algo más allá de ellos mismos? Porque no creen en ellos. Ni creen en quien tienen al lado. Porque no confían y aprenden a no confiar. A eso son enseñados.
Porque tienen miedo y del miedo se aprovechan los que, con más poder que los que están más abajo, siguen sin creer en quien tienen al lado. Siempre hay que pisar para trepar más alto. Da igual el cráneo que sea. Da igual el coste.
Qué difícil es enlazar con otro alma. De nada sirven para esto las religiones. Porque para encontrarse con uno mismo hay que encontrar al resto. Y estamos todos temiendo mirar al lado.
12.16.2014
Lo que faltaba. Ahora vas y me recuerdas lo que no hice. Me señalas lo que nos faltó. Lo que debería haberte hecho y no te hice. Lo que debería haberte dicho y no pronuncié. Lo que debería haber sentido y jamás sentí. O lo que no fui capaz de poner. La omisión, esa culpa por lo que no se ve, ese reproche al vacío de lo que ya se fue. Nadie debería echarse en cara lo que faltaba. Y sin embargo, cuántas ausencias fueron más causa que consecuencia, cuántas relaciones se acaban por razones ajenas a la realidad.
Lo que faltaba. Siempre lo que faltaba. Sólo y únicamente lo que faltaba. No sé qué tiene lo que faltaba, que jamás puede llegar a ser compensado por lo que sí estuvo, por todo lo que sí se dio. Es así de jodido. Así de inexorable. Así de mal. Te guste o no. Y es que por muy completa que fuese tu relación, por mucho que se exprimiese el amor, siempre habrá más cosas que se quedaron fuera. Porque todo fuera será siempre más grande que cualquier dentro. Por definición. Por eso el dentro es más precioso. Por eso hubo que protegerlo lo mejor que supimos. Por eso al cabo del tiempo se nos escapó. Por eso se nos escurrió entre los dedos. Porque se diluyó lo que sí teníamos entre todo lo que faltaba y todo lo que al final nos faltó.
Lo que faltaba. Lo que ya no puedes ni deseas cambiar. Por mucho que lo intentes, ya es tarde y ahora sería hasta de mal gusto, fatal. Como ese beso en la mejilla de cualquier ex. Como esas cartas que no son ni devueltas al remitente porque el destinatario ya cambió de dirección. Como esa llamada perdida en el móvil del que ha muerto, que nadie se molesta ni en contestar. Las cosas que llegan tarde no es sólo que estén desfasadas, es que están mal. No sólo por su momento, sino por su intención. Porque es la intención la que se nos quedó caduca. Y nos recuerda lo que sentimos y ya no está vivo. Lo que fuimos y jamás volveremos a ser. Porque volveremos a ser otra cosa. Pero eso ya no.
Lo que faltaba. Verte preciosa. Verte radiante. Verte feliz. Todo lo que siempre quise para ti. Y resulta que sólo lo consigues gracias a no estar conmigo. Esa luna llena que hoy todos admiran está patrocinada por este sol que ya se va. Justamente el único selenita que sobraba en el firmamento de tu vida. Me voy atardeciendo y tornándome rojizo, enfriándome de a poco y a sabiendas de que cuanto más me ausente, mejor estarás, mejor te irá. Para que otros puedan contemplar la belleza de lo que hicimos juntos. Lo mucho que tú eres gracias a lo poco que yo fui. Y mientras, sigo vagando por la otra cara del mundo, tratando de convencerme de que volveré a encontrar otro satélite, aunque los dos sepamos que ya no hay más.
Lo que faltaba. Encima va y me dices que ahora sí que has cambiado. Que has aprendido tanto de nuestra ruptura y de nuestra relación. Que cometerás quizá otros errores, pero esos ya nunca más. Ahora que ya aprendiste, ahora va y lo va a disfrutar el siguiente. Él, ese individuo al que aún no conoces ni tú, pero que ya puede contar con toda mi envidia y frustración. Él, sin duda algo menos capullo que yo, que te encontrará al final de nuestro camino y no tendrá que pasar por lo que pasamos los dos. Él, un cualquiera que te llevará hasta vete tú a saber dónde, y si lo consigue, si es que tiene el valor y el coraje de conseguirlo, siempre habrá sido gracias al recorrido que juntos hicimos los dos.
Dale las gracias por conseguir todo aquello que yo no supe.
Y una buena patada en los huevos. Que eso también nos faltó. H
Leo esto, escrito por R. Mejide, y compartido por una compañera de trabajo. E inmediatamente me viene tu nombre a la cabeza. Las veces que me dijiste que pensabas que yo no era feliz por tu culpa. Y cuántas veces después de que te fueras he pensado que, en cierto modo, así era. No porque sobraras, sino porque en tu naturaleza estaba el ser cobarde; necesitabas que decidieran por ti; necesitabas una madre, no una compañera. No eras capaz de entender la independencia estando juntos, lo hermoso de construir un camino con las diferentes piezas que aportaba cada uno. Y yo lo hice mal, porque me anulé mientras seguía a tu lado y creía en ese proyecto.
A día de hoy me sigue doliendo, atenuado, lo que queda de una herida que fue grande, demasiado grande. Y como bien dice Mejide, seguro cometeré otros errores, pero aquellos nunca más: he aprendido, y no sé si habrá un "siguiente", lo que está claro es que no volveré a anularme. Será el mejor regalo por amor que pueda hacer a quien de verdad tenga el valor de quererme.
"Las cosas que llegan tarde no es sólo que estén desfasadas, es que están mal."
11.12.2014
La sensación de vacío y búsqueda que a veces cuesta aplacar desaparece mirando su superficie, sea seda o roca. Me devuelve la calma, me permite dormir mientras la escucho mecerse.
Es como volver a casa.
I must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky,
And all I ask is a tall ship and a star to steer her by,
And the wheel's kick and the wind's song and the white sail's shaking,
And a grey mist on the sea's face, and a grey dawn breaking.
I must go down to the seas again, for the call of the running tide
Is a wild call and a clear call that may not be denied;
And all I ask is a windy day with the white clouds flying,
And the flung spray and the blown spume, and the sea-gulls crying.
I must go down to the seas again, to the vagrant gypsy life,
To the gull's way and the whale's way, where the wind's like a whetted knife;
And all I ask is a merry yarn from a laughing fellow-rover,
And quiet sleep and a sweet dream when the long trick's over.
(John Masefield)
Es como volver a casa.
I must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky,
And all I ask is a tall ship and a star to steer her by,
And the wheel's kick and the wind's song and the white sail's shaking,
And a grey mist on the sea's face, and a grey dawn breaking.
I must go down to the seas again, for the call of the running tide
Is a wild call and a clear call that may not be denied;
And all I ask is a windy day with the white clouds flying,
And the flung spray and the blown spume, and the sea-gulls crying.
I must go down to the seas again, to the vagrant gypsy life,
To the gull's way and the whale's way, where the wind's like a whetted knife;
And all I ask is a merry yarn from a laughing fellow-rover,
And quiet sleep and a sweet dream when the long trick's over.
(John Masefield)
11.10.2014
11.04.2014
A veces pienso cómo habría sido si hubiéramos coincidido en otros años, otra edad, otras circunstancias. Pienso que quizá no habría tenido sentido disimular o temer. Disfrazar o detener.
Pienso, imagino. Por entretener la fantasía, nada más, ya que la realidad, a día de hoy, es suficientemente amable como para lidiar con ella sin esperar nada del mañana.
Quizá porque te haya conocido hace algún que otro año, quizá por la cercanía que se ha ido forjando, y una complicidad y confianza que no había tenido con nadie hasta ahora, sea que te echo de menos hoy que estás tan lejos.
Quizá sólo por eso.
Pienso, imagino. Por entretener la fantasía, nada más, ya que la realidad, a día de hoy, es suficientemente amable como para lidiar con ella sin esperar nada del mañana.
Quizá porque te haya conocido hace algún que otro año, quizá por la cercanía que se ha ido forjando, y una complicidad y confianza que no había tenido con nadie hasta ahora, sea que te echo de menos hoy que estás tan lejos.
Quizá sólo por eso.
9.24.2014
Hay olores que parecen eternos. A veces sólo captas un hilo de ellos, cuando ni los recordabas o pensabas que se habían perdido, y en ese instante te das cuenta de que siguen ahí. Que todo sigue ahí, como siempre ha estado. Como ese retazo de calor en esta noche de septiembre, con el frío a punto de echar su manto; ese calor dulce, sereno, suave. El calor del jardín de casa.
9.08.2014
8.13.2014
8.12.2014
¿Cuántas veces se escapa la realidad a la razón, porque el miedo y la adicción secuestran cualquier rastro de lucidez y autosuficiencia?
Asumiendo culpas ajenas.
Luchando por respirar.
Sintiendo en ese momento que el "para siempre" estará vestido de angustia.
Ni siquiera el tiempo es capaz de borrarlo todo.
Quedan heridas de guerra que aún, a veces, duelen.
Asumiendo culpas ajenas.
Luchando por respirar.
Sintiendo en ese momento que el "para siempre" estará vestido de angustia.
Ni siquiera el tiempo es capaz de borrarlo todo.
Quedan heridas de guerra que aún, a veces, duelen.
When I awake my poor heart pains.
So when you come back and make me happy
I'll forgive you dear, I'll take all the blame.
8.08.2014
7.29.2014
Love.
I know we need love.
Sometimes it is just a topic, old-fashioned, too handled.
And some other times it is just felt so hard, and deep, and strong, that you could rise yourself up from the floor in a light, soft embrace, so nothing at all in this life could hurt you at that very moment of peace.
A veces sientes el amor hacia una persona tan fuerte que casi podrías acariciarlo. Y te llena, y te calma. Y aunque en un futuro (que no existe) quizá se rompiera sin poder evitarlo, hoy (que existe) eres más persona porque "eres" junto a otra persona.
He amado mucho, tanto como ha dolido. Hay heridas que nunca se cerrarán porque se fue el amor que pudo curarlas. Pero hay otros amores que prometen una eternidad; y aunque sea la promesa de un sueño, hoy, ahora, ciertamente es eterna.
I know we need love.
Sometimes it is just a topic, old-fashioned, too handled.
And some other times it is just felt so hard, and deep, and strong, that you could rise yourself up from the floor in a light, soft embrace, so nothing at all in this life could hurt you at that very moment of peace.
A veces sientes el amor hacia una persona tan fuerte que casi podrías acariciarlo. Y te llena, y te calma. Y aunque en un futuro (que no existe) quizá se rompiera sin poder evitarlo, hoy (que existe) eres más persona porque "eres" junto a otra persona.
He amado mucho, tanto como ha dolido. Hay heridas que nunca se cerrarán porque se fue el amor que pudo curarlas. Pero hay otros amores que prometen una eternidad; y aunque sea la promesa de un sueño, hoy, ahora, ciertamente es eterna.
7.27.2014
A veces, la distancia entre frío y calor es de un abrazo. Pasar de una soledad angustiosa y sin salida a que te recojan unos brazos muy necesarios para llevarte a superficie. Pedirte que no te exijas más. Permitirte respirar. Escuchar tu silencio, ese que está ahí por la imposibilidad de hablar, de tanto que pesa el cansancio; esperarte y escucharte cuando, tras ese abrazo, rompe la ansiedad en lágrimas y te dejas caer, tal como eres, durante unos instantes, indefensa.
Porque sigue ahí, igual que tú sigues. A pesar de problemas de comunicación en distintas frecuencias, de no poder veros, de personalidades fuertes, de malos entendidos, de preocupaciones. Porque es tu amigo a pesar de todo. Porque te quiere. Sin más interés que seguir teniéndoos el uno al otro.
A veces un abrazo te reconcilia con la vida en el momento más necesario.
Porque sigue ahí, igual que tú sigues. A pesar de problemas de comunicación en distintas frecuencias, de no poder veros, de personalidades fuertes, de malos entendidos, de preocupaciones. Porque es tu amigo a pesar de todo. Porque te quiere. Sin más interés que seguir teniéndoos el uno al otro.
A veces un abrazo te reconcilia con la vida en el momento más necesario.
7.26.2014
Después de haber sido desobediente y haberme sumergido, perdiendo la cuenta de los picados, para bajar a ver un pequeño pulpo sobre fondo de arena (la vida de las sirenas apenas unos segundos), cambia el juego: de pie en la zodiac, sin más tela encima que un bikini (de cortesía), me deslizo sobre la superficie del mar a toda velocidad, y me siento "poderosa y sexy", como diría aquel.
La sensación de libertad es única: sólo con una mano que me aferra al barco, la diminuta espuma de cada ola que saltamos golpea mi piel, y el aire caliente se une a la guerra, envolviéndome a golpes suaves y secos. El pelo, suelto, deja libre el horizonte. A mi lado un buen amigo y alrededor, mi húmedo mundo.
Reconciliarse con lo que uno ama.
Respirar después de no respirar.
Y, aun con miedo, volver a ser feliz.
La sensación de libertad es única: sólo con una mano que me aferra al barco, la diminuta espuma de cada ola que saltamos golpea mi piel, y el aire caliente se une a la guerra, envolviéndome a golpes suaves y secos. El pelo, suelto, deja libre el horizonte. A mi lado un buen amigo y alrededor, mi húmedo mundo.
Reconciliarse con lo que uno ama.
Respirar después de no respirar.
Y, aun con miedo, volver a ser feliz.
7.22.2014
Como quien no quiere la cosa, tu nombre aparece en la bandeja de entrada de mi correo electrónico. Me sale la sonrisa, como siempre que llegas. Abro el mail y miles de miks revolotean en mis mofletes hasta que esa sonrisa se ensancha para enseñar los dientes. Inevitablemente, siempre me llega tu olor, aunque no estés; me lo dejaste tatuado y cuando lo percibo me entra sed. Aunque no pueda beberte.
Pido permiso: algún mordisco suave en tu cuello, si no te parece mal. Acompañado con la caricia de la lengua, sólo de puntillas, a toquecitos húmedos, para poder llegar despacio y sin problemas por encima de tu barbilla, no sin antes haberla mordido a ella también. Lo que sea por despertar tu risa.
Prometo no utilizar las manos. Tú te dejas hacer, y yo te llevo, aunque sepa que eres tú quien llevas las riendas. Me recreo en lo imposible: un desorden de besos suaves, de mordiscos, respiración sobre tu boca. Te huelo sin tocarte, pero te saboreo. Sigue siendo doloroso: crece el ansia.
Pero el siguiente paso te corresponde a ti.
Pido permiso: algún mordisco suave en tu cuello, si no te parece mal. Acompañado con la caricia de la lengua, sólo de puntillas, a toquecitos húmedos, para poder llegar despacio y sin problemas por encima de tu barbilla, no sin antes haberla mordido a ella también. Lo que sea por despertar tu risa.
Prometo no utilizar las manos. Tú te dejas hacer, y yo te llevo, aunque sepa que eres tú quien llevas las riendas. Me recreo en lo imposible: un desorden de besos suaves, de mordiscos, respiración sobre tu boca. Te huelo sin tocarte, pero te saboreo. Sigue siendo doloroso: crece el ansia.
Pero el siguiente paso te corresponde a ti.
7.21.2014
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