8.23.2006

Seguimos con La Reina del Sur:

"Y me pregunto qué soy ahora, se decía a medida que iba moviendo los labios en silencio. Quihubo, morra. Me pregunto cómo me ven los demás, y ojalá me vean desde bien relejos. ¿Cómo era aquello? Necesidad de un hombre. Órale. Enamorarse. Ya no. Libre, era quizá la palabra, pese a que sonase grandilocuente, excesiva [...]

Se estremeció de nuevo. Sobre las sábanas, a su lado, estaba la foto rota. Daba mucho frío ser libre."


Esa es la sensación: frío.

Y según el momento, aturdimiento, o una calma algo triste.

8.22.2006

"En el fondo, la vida es requetesimple: se divide en gente con la que te ves obligada a hablar mientras tomas una copa, y gente con la que puedes beber durante horas en silencio [...] Gente que sabe, o que intuye lo suficiente para que sobren las palabras, y que están contigo sin estar del todo. Sólo ahí, nomás."

La Reina del Sur, Arturo Pérez Reverte.


Y a mí últimamente me apetece una de esas segundas copas, con o sin silencio de por medio, pero con alguien que esté conmigo, aunque no esté del todo.
"Que, al final, los únicos problemas están en nuestra cabeza y pasamos malos momentos antes de tiempo, ¿¿no??"

Pues sí, Marieta, sí. Al final la mayor parte de los problemas están en nuestra cabeza. Y al menos yo soy lo suficientemente torpe como para valorar las cosas buenas cuando ya no las tengo. Por eso llevo una temporada sin hacer planes a muy largo plazo, intentando disfrutar esas cosas buenas. Y el caso es que he podido apreciarlas en los últimos meses. Han sido días muy agradables.

Sabes que soy miedosa, que busco la estabilidad y la seguridad por todas partes, a pesar de mis extremismos, dudas... Inseguridad en general, por no saber valorar lo que soy en mi justa medida (autoanálisis barato; para eso es mi blog).
El miedo siempre está ahí, como también el no encontrar la certeza, la seguridad total en ninguna cosa. Quizá eso da interés a la vida, quizá por eso todo depende de cada decisión.

Quizá ahí está la belleza de muchas cosas. En esa incertidumbre.

8.20.2006

Miedo
de volver a los infiernos
miedo a que me tengas miedo
a tenerte que olvidar

Miedo...
... de no verte nunca más




Hace apenas una hora quedé desprendida de tu abrazo. Ahora estoy en mi habitación, de nuevo sola, lejos de casa. Escucho una canción y me invade la sensación fría del miedo a perderte. Pánico, y fragilidad de cristales en el corazón.

Necesito que vuelvas a mirarme, que me quites este temblor tonto que se esconde en el pecho. Por el momento, sólo me protege el olor que de ti tengo esta noche, mientras espero con todas mis ganas el momento de volver a verte, de poder perderme de nuevo en la fuerza de ese abrazo.

¿Cuándo te hiciste tan necesario?




Oigo tu voz
siempre antes de dormir
me acuesto junto a tí
y aunque no estás aquí
en esta oscuridad
la claridad eres tu

8.19.2006

Extraña sensación esa de no estar nerviosa al ejercer de "anfitriona". Por una vez, no era tal cosa. Cuatro días con una sola compañía sin estar en ningún instante incómoda, sin que me atacara la necesidad de echar a correr y no mirar atrás. Cuatro días para gruñones bromistas, neuróticos cada uno por su propio orden, y tan a gusto. Cuatro días tranquilos, cercanos; de seguir conociéndose y descubrir que el mar está en calma. Cuatro días de compartir cama y ser capaz de dormir.

Así da gusto irse de vacaciones.

8.09.2006

Una serpiente tatuada se desliza entre las vértebras de su espalda, desde la base hasta el cuello. Apenas se movía, tumbada boca abajo sobre cojines; el día había sido demasiado caluroso y ahora dormitaba tranquilamente, en un silencio roto por el golpeteo del viento contra las telas de la jaima. Quizá demasiado calor, demasiada calma. Mientras, la noche iba rompiendo el dominio del sol con el frío propio del desierto. Todo el campamento estaba en reposo: turistas castigados por un clima hostil; naturaleza de arena que prefería ignorar las visitas.

Rebullía entre sueños. Cuando alguien te observa lo sientes aunque no lo veas, y alguien a su lado sonreía con ternura. Apenas una leve caricia en el hombro bastó para responder a esa sonrisa, con la boca y la mirada. No hubo sorpresa: "bienvenido a mi mundo perdido".

Sólo una tela ligera la cubría desde las caderas a los pies; la serpiente subía y bajaba siguiendo el ritmo de la respiración. Cogió un frasco pequeño y lo entregó a su invitado: aceite con olor a canela. Con calma y sin dejar de mirarla, fue dejando caer el aceite, gota a gota, por su espalda. Ella se incorporó ligeramente y cada gota resbaló trazando su propio camino. Justo antes de mojar la tela se formó un pequeño lago, donde mojó las manos para comenzar el masaje.

La serpiente brillaba, oscurecida por el aceite. Los dedos apretaban, subían y bajaban relajando los músculos, hasta que las manos se apoyaron en sus hombros. Sin soltarla, acercó la boca a su cuello para respirar cerca de la piel y hacer que se erizara. La serpiente respiraba inquieta. Inspiró profundamente y, a medida que soltaba el aire, sus manos y su mejilla se deslizaban por la espalda, disfrutando de su calor suave. Un pequeño beso donde estuvo el lago de aceite como pidiendo permiso para, después, retirar la tela.

Ella, a la espera, con los ojos cerrados. Él, permitiéndose el lujo de observar, dueño del tiempo.

Descendían las manos, resbalando despacio y fuerte. Los labios se quedaron anclados entre sus piernas, besando y lamiendo, sorbiendo, provocando espasmos incontrolados en un momento interminable de excitación suave y amarga.

Fue deslizando el cuerpo sobre sus piernas, sobre su espalda; el peso de un cuerpo cálido, fuerte y en tensión. Las manos resbalando por sus brazos hasta apresar las muñecas por encima de la cabeza: inmóvil. Y de nuevo el tiempo que se para mientras recupera el aliento sobre su cuello. Más calor, más humedad. Una lengua dibujando el contorno de las vértebras en su nuca.

Sus caderas se levantan, impacientes. Sin esperar más, él penetra profundo. Un primer momento de resistencia, un pequeño grito acallado por una mano presionando fuerte sobre la boca, y deslizarse cada vez más rápido entre jadeos y silencio hasta romperse ambos entre sudor, flujo y semen: suspender tu vida apretándote fuerte contra el interior de una mujer.

Después, sólo cabe esperar el día.


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Espero que esto compense la afrenta y, con suerte, no leer historias entre pianistas y políticos.

8.08.2006

¿jersey? ¿camiseta? ¿jersey? ¿camiseta? ¿jersey? ¿camiseta azul? ¿camiseta verde? ¿jersey? ¿camiseta? No debo... ¿jersey? ¿camiseta mediana? ¿camiseta azul? ¿camiseta? No me lo merezco... ¿jersey? ¿camiseta? ¿jersey? ¿camiseta verde? ¿camiseta pequeña? ¿camiseta azul? ¿jersey? "Venga, que te regalo yo el jersey" Hum... pero es que no me lo merezco, ¿cómo voy a hacer que se gaste dinero en mí? Me encantaría, me hace mucha ilusión pero... si es que no me lo merezco ¿camiseta? ¿jersey? ¿camiseta? ...

Soy una neurótica un tanto gilipollas.

8.06.2006

Como si demasiado calor castigara una planta que no se riega, a veces la soledad pone mustia a la persona. Pasan los días y te falta, incluso sin darte cuenta, la compañía que requieres por dentro y por fuera. Después llega el encuentro y la pregunta: "¿qué te pasa?" acompañada de un abrazo o de un beso. "No lo sé". Pero justo en ese momento intuyes que ahora ya todo marchará bien. Y poco a poco, pero deprisa, vuelve la risa a tu boca.

(Benditas tres semanas...)

8.02.2006

Si por mí fuera tendría sabor a melaza y anís. Es raro, ni siquiera pienso en si es buena o mala combinación, puede que no guste; pero a mí me volvería loco saber que he acertado el pronóstico.”

Así pensaba antes de anoche. Así se lo dije. Ahora escribo esto por la mañana, muy temprano, ya que no puedo dormir (como de costumbre). Ni siquiera después de haber quedado tan cansado. Y con media sonrisa incrédula la miro sobre mi cama, sin entender cómo pueden cambiar las cosas tan de repente. ¿Azar? ¿Volverá a jugar? Qué más da. Ahora mismo soy feliz. Voy a por un café caliente y me vuelvo a la cama.


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Sonó el teléfono.

- Ehm… hola Teo.
- ¡Hola! ¿Qué tal, preciosa? Qué sorpr…
- ¿Tienes algo que hacer esta noche?
- Ehr… no… No había pensado ningún plan aún. ¿Por?
- ¿Tienes algún máster en cerveza?
- ¿Cómo? ¡Jajaja! ¿Cómo que un máster en cerveza?
- Sí, un máster en cerveza. Quiero que quedemos y salgamos por ahí a beber cerveza. Pero sólo cerveza buena. Y tiene que ser contigo.
- Vale, no hay problema. ¿Pero estás bien? ¿pasa algo?
- A las diez estoy en tu casa.

Y colgó.


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A las diez en punto sonaba el telefonillo. Aún a medio vestir, duchado por casualidad (la siesta se había alargado demasiado), corrí a abrir y volví a mi habitación. Al poco rato apareció ella, con sus vaqueros ceñidos y una camisa suelta, sin maquillaje. ¿Para qué complicarse más si así estaba estupenda?

- ¿Nos vamos? - le dije.
- No, he traído suministros - sonrió, señalando a la puerta con un gesto de la cabeza. Allí había tres bolsas repletas de gran variedad de cervezas: rubia, negra, tostada, de frutas…

- ¿Te ves capaz de salir entera después de que acabemos con esto?
- No tenía pensado ir a ningún lado, aunque no acabemos con ninguna.


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Las bolsas siguen en la puerta, y siguen llenas de botellas, salvo un par que raptamos en medio de las prisas. Lo cierto es que fallé con mis pronósticos: su sabor es suave y amargo. Y también es cierto que nunca bebí de mejor copa: la que ahora duerme abrigada entre sus piernas.

8.01.2006

Escribo un recuerdo que en su momento fue publicado por su dueña. Porque leerlo ha sido como una caricia, como este viento de agosto que entra por mi ventana.

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Peque

Se lamentaba en estos lugares
tras la madura luz primaveral.
Y porque no vi miedo en sus ojos
hablé claro siempre.

Defendiendo castañuelas para alegrar el gris,
entrando sin llamar
y sin saber que me enseñaba
a seguir naciendo.
Con clavecín y variaciones
-sí, la alegría de seguir naciendo cada día-

Su libertad para utilizar el posesivo ante mi nombre.
La mía que se frena con ciertas palabras.
Todo mi amor ante su dolor
-de sí misma-
Y el sombrero a la altura
del pecho,
con cada texto que escribe.
Y el guante fuerte
en su cara
en duelo conmigo misma, por ella.

Paz me llamó “su ángel de la guarda”
sin saber que fue ella, en un cerrar de ojos,
la que hizo que yo viera.

Sintiéndome yo su elegida
¡ SIN DERECHO!
Agacho el cuerpo para que me unja
con los cantos de mirlo de cabeza blanca,
con maullido de gato quejándose ante la risa
-que, orgullosa, a veces le provoco-

Distancia es mala sangre, no saber.
Reproche ante lo que tanto he oído y no voy a creer.
Distancia es respeto, a pesar de todo
e incertidumbre ante lo imposible.
Nunca es sufrimiento, nunca será dolor.
-no me duele, me cura-

Pero ahora este trecho es de mimos, porque necesita
oírme que:
la vida sin la música (la suya)
sería un error.


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Para Patri, porque esta noche creo que duermes inquieta.
Simplemente porque SÍ soy impulsiva,
(aunque sé que no te hace mucha gracia esto, tan público).


Estoy bailando bajo tu ventana, con pompones en las manos...
porque tú tienes la fuerza
yo sólo unas palabras y unas tiras de papel rojo.

7.28.2006

- ¿Y me vas a echar de menos?
- Pshé... No sé yo...
- Jo, aunque sea ahora, podrías fingir un poco, ¿no? Tampoco cuesta tanto, digo yo.
- ¡Pero si sabes perfectamente cómo voy a estar!
- Bueno, pero no está de más que me digas si me vas a echar de menos. Al menos yo necesito oirlo.
- Pues sí, te voy a echar de menos. Mucho. ¿Ya? ¿feliz?
- No.
- Yo tampoco.
- ...
- ...


Se metió en su burbuja y se fue.

7.27.2006

Encima de la moto, deprisa, cogiendo las curvas con la misma intensidad que su enfado. "Este se va a cagar... a mí no me hace esto". Falta poco para llegar.

Última hora de la tarde, casi la hora de cierre de la tienda. No hay clientes dentro, sólo la mesa del fondo, la de la esquina, está ocupada. Un montón de carnets de buceadores, desordenados y esparcidos alrededor del ordenador. El único empleado que queda en ese momento está sentado ante la mesa, con aire ausente. El cuello levantado del polo le da un aire levemente chulesco, en un intento romántico e inútil por imitar a un verdadero marino. Anda con la cabeza en otro lado...

De repente oye un derrape en el garaje. Se detiene un motor. Nuestro motorista enfurecido entra en la tienda y da un portazo. Se detiene ante la mesa y apunta con el dedo: "Tú... tú... eres un tipo absurdo y baboso. ¡Es MÍO! ¿te enteras? ¡MIO! y no te consiento que me lo levantes"

Sin dar tiempo a reaccionar, aparta la mesa de un empujón y empotra contra la pared al boquiabierto "lobo de mar". Su cara enfadada respira por encima de las solapas levantadas. Se hace el silencio.

Brokeback divers: un beso violento sobre los labios de su presa. Por sorpresa.

Pero mayor es su sorpresa al ver que ese beso es correspondido, que unas manos le rodean la cintura y le aprietan contra él fuertemente. Pausa obligada para echar las cortinas metálicas. Y vuelve a ocurrir un encuentro de pasión violenta que les dirige al recinto de la piscina, donde la temperatura es mucho más elevada que en el resto del lugar. Rápidamente se arrancan las ropas sin dejar de besarse, de arañarse y apretar los cuerpos uno contra otro. Encuentro de pancitas buceadoras.

Nuestro motorista, jadeante, empuja al marino dentro de la piscina. Seguidamente, se arroja en pos de él. Le vuelve a acorralar, esta vez contra el borde de la piscina.

Y allí se consuma su amor.

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Dedicado a M., para que sea valiente y declare su apasionado amor a L.

(jijiji...)
La mente en blanco. Qué difícil es dejar la mente en blanco. Tan difícil como no dar un paso en un momento dado, o dar el adecuado en otro instante. Hablar o quedarse callado. Permanecer o salir corriendo.

Los ojos como platos. Es de noche. Todo en silencio (salvo los grillos). La cabeza bulle con mil imágenes y con ninguna, sin ninguna idea concreta. Un búho metido en la cama que no acierta a saber qué hacer. ¿Liberar la imaginación? Es necesario. Y después la mente en blanco.

Qué difícil es dejar la mente en blanco...

7.21.2006

Una fina lámina de cristal. Nada más. Y en sus extremos, los pilares del mundo. No debe romperse.

A cada lado, uno de vosotros, separados por unos pocos milímetros que impiden cualquier contacto. Salvo la mirada.

Y te mira fijamente. Tú te desnudas despacio, del todo. Te sientas en una silla y pasas a ser quien observa. Sentada, desnuda, quieta.

Tu objetivo sonríe, permanece en pie y comienza a desabrocharse la camisa. Muy despacio, sin alarde de provocación. La sencillez de quitar un botón tras otro. Muy despacio.

Continuas observando...



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Sí, María, hoy también tocaba ponerse "cochinona", como dirías tú. Pero para no resultar impúdica terminaré esta historia en mi cabeza, que no quiero sensibilidades ofendidas...

7.20.2006

"My head lies to my heart
and my heart it still believes
It seems the ones who love us
are the ones that we deceive"


Dualidades. Extremos.
Un diálogo constante. A veces se gritan, a veces el silencio es agobiante.

A algunos no nos sirve la correcta diplomacia del gris.

Y al final, ¿quién es el engañado?

7.14.2006

Tic, tac, tic, tac. El tiempo es relativo. No por ciencia alguna, sino por lo que vas viviendo, lo que se cuela en tu cabeza y hace que las horas pasen más o menos rápidas, que las ausencias sean o no palpables. Vivencias plantadas en maceteros altos, risueños y agradables. Tiempo que te asienta, te calma y te aturulla, para hacerte pelear contigo, para que termines recuperando lo que eres sin perderte demasiado en otra persona. Vaivenes que descolocan en medio de la soledad.

7.09.2006

Si alguien pudiera ver a través de los muros, no sería poco habitual que pudiera verle encogido, con las piernas sujetas y cubierto con cojines o alguna manta, encerrado en su habitación. Es una forma infantil, pero efectiva, de buscar seguridad cuando te sientes solo y el abrazo adecuado no está cerca.

Si alguien pudiera ver a través de piel, músculos y huesos, encontraría las ruinas de su coraza esparcidas alrededor de él mismo, desnudo y asustado.

¿Y mientras tanto, qué hay fuera? El equilibrio que se tambalea, que no aguanta sostenido por su cuerpo. A veces la duda y una culpa mal entendida pueden hacer más daño del que se espera.
¿Hasta qué punto los demás pueden confiar en su sinceridad?

Es cuestión de fe. Y la fe no es posible controlarla.

7.07.2006

Oh, simple thing, where have you gone?

Va pasando el tiempo, voy aprendiendo, peleando, descubriendo, me divierto, me llevo decepciones, aplico experiencias, me sorprendo...

No soy ni joven ni vieja. Todo depende. Dentro de mi inseguridad hay algo que tengo claro: no busco genialidades, no quiero "cosas" excepcionales, no me atrae la grandeza ambiciosa.

And if you have a minute why don't we go,
Talk about it somewhere only we know?
This could be the end of everything.
So why don't we go, somewhere only we know,
Somewhere only we know.


Por ahora sólo sé que lo que necesito se describe con una palabra: sencillo.

I don't wanna be adored
Don't wanna be first in line
Or make myself heard
I'd like to bring a little light
To shine a light on your life
To make you feel loved


Sin que por eso deje de ser maravilloso. Extraño y especial.

No, don't wanna be the only one you know

Único.

I wanna be the place you call home

7.05.2006

Me miro las uñas, posadas sobre el teclado: tan cortitas como siempre, pero pintadas de granate oscuro. No me disgustan en absoluto, alguna ventaja tiene lo de ser pianista (dedos largos, nudillos salientes). A falta de pequeños retoques, me siento presumida. Toca lucir ombligo, cintura y uñas de casi-mala-mujer.

Nuevo repertorio, nuevos planes para intentar un nuevo rumbo después del fallo. Ahora no toca corte de pelo (quiero mi melena de leoncito), pero sí ponerme morena. Necesito sentirme guapa, gustarme y gustar. Aunque no lo termine consiguiendo, por lo menos intentarlo, como terapia para vencer a la vergüenza, para no meterme en mi agujerillo de siempre.

¿Y loca? Pues sí, un poco. Creo que siempre lo he estado, más o menos escondida detrás de mi aparente sensatez. Pero es lo que hay. Si no, no sería yo.

Hale, a la ducha, a inventarme historias. Y esta tarde a comprarme la tobillera de cada verano.

7.02.2006

Intento meterme en tu cabeza... intento salir de la mía...

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Se ha hecho otra vez de día, y apenas entra luz por las rendijas de la persiana. La ventana se quedó abierta anoche, entra el aire del mar. Debe ser muy temprano: el silencio aún rodea lo que nos queda de sueño.

Cierro los ojos, me quedo muy quieta. Te siento respirar a mi lado y no me atrevo a despertarte. Poco a poco voy acumulando el valor suficiente para apenas deslizarme bajo el batiburrillo de sábanas que me has dejado. Y, de lado, me incorporo despacio para observarte.

Tumbado de espaldas a mí, semidesnudo. Hubiera sido estúpido intentar contener la sonrisa al verte: tanta belleza durmiendo, confiada, a una distancia inexistente. En ese instante decido instaurar una tradición por la que cada vez que te tenga así pueda posar un beso ligero en tu hombro. Adoro tus hombros, y quiero dejar en ellos un sello invisible.

Se me viene a la cabeza la posibilidad de hacerte volver a la vigilia entre sueños, dando labios, lengua, y saliva a alguna fantasía perdida, de esas que se pasean discretas en nuestra cabeza. Otra sonrisa, momento de indecisión... Pero no: ahora seré yo la que controle las sábanas, la que te robe algún gemido antes siquiera de que abras los ojos.

"Buenos días..."

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