Me has hecho mucho daño. Y aún me cuesta aceptarlo. Me resulta increíble. Aún intento ¿excusarte? No lo sé. Sé que no eres así, pero que sí te comportas así. Las causas, las desconozco, el efecto lo conozco bien. Seis meses (más lo anterior) y sigue doliendo. Se suman muchas más cosas, también las mentiras de la política en el trabajo (menos mal que la realidad la cuentan los compañeros del día a día). El caso es que he vuelto a caerme. Y me siento gilipollas. Algo que he aprendido estos meses es que los juicios no sirven para nada, pero sigo juzgándome. El aprendizaje es tan sumamente lento... La paciencia también me cuesta aprenderla. Pero pensaba que estaba mejor.
Pensaba que estaba más fuerte, que me estaba aprendiendo a querer más a mí misma y eso me hacía tener. a su vez. más fuerza. Ese auto-amor que me llevaba a intentar no dejarme tratar mal por otras personas, tú entre ellas, hoy no sé dónde está.
Quiero pensar que es agotamiento. Que el cerebro me la juega, intentando racionalizar, buscar "porqués" (cuando nunca hay un porqué). Quiero pensar que cuando haya conseguido descansar, dejaré de sentirme así, dejará de dolerme todo lo relativo a ti, y podré vivir plenamente lo que sea (bueno o malo), pero descansada. Ahora mismo no puedo más.
Es como tener un cable de alta tensión por dentro.
Y la cabeza inundada.
Y la garganta rota.
Yo sólo quiero estar tranquila. Que dejes de importarme tanto. Devolver el amor a los que realmente me aman. Y vivir.
3.30.2018
12.09.2017
No soy un recuerdo. Soy real. Soy alguien real con quien construir más recuerdos. Alguien con quien superar problemas y malos momentos, y con quien reír después de la tormenta. Soy alguien con quien cumplir sueños para que nuevos sueños entren y tengan su espacio. Alguien con quien sorprenderse. Alguien con quien viajar a todos los océanos y perderse en la isla del fin del mundo.
No soy una pareja.
No soy una amiga.
No soy una compañera.
Ninguna etiqueta sirve.
Sólo sirve saber lo que uno quiere de verdad: lo que permanece ahí, presente día tras día, en lo más profundo y verdadero de la mente y del corazón, a pesar del caos exterior, que no es más que niebla.
No hay etiquetas. Sólo hay vida hacia la que escapar, a la que lanzarse, mandando el miedo a la mierda.
Yo lo estoy haciendo. Y querría que tú lo hicieras.
Aquí o en la isla del fin del mundo,
No soy una pareja.
No soy una amiga.
No soy una compañera.
Ninguna etiqueta sirve.
Sólo sirve saber lo que uno quiere de verdad: lo que permanece ahí, presente día tras día, en lo más profundo y verdadero de la mente y del corazón, a pesar del caos exterior, que no es más que niebla.
No hay etiquetas. Sólo hay vida hacia la que escapar, a la que lanzarse, mandando el miedo a la mierda.
Yo lo estoy haciendo. Y querría que tú lo hicieras.
Aquí o en la isla del fin del mundo,
estaré a tu lado siempre que quieras.
11.27.2017
Hoy preguntaría, a los que me han querido alguna vez como su compañera, qué cosas buenas les aporté.
Qué cosas malas.
Y cuál es el balance, habiendo descubierto años y, supuestamente, madurez.
Las reglas del juego son
Caerte y levantar
Y esperar una señal
Cuando caiga la noche
(...)
Cada lección aprendida
Merece el precio pagado
Las circunstancias son las que son
En el momento preciso
Yo no soy quien decido
Lo que marca el reloj
Es el lugar al que pertenezco
La seguridad total
Al filo de un cuchillo
Caerte y levantar
Y esperar una señal
Cuando caiga la noche
(...)
Cada lección aprendida
Merece el precio pagado
Las circunstancias son las que son
En el momento preciso
Yo no soy quien decido
Lo que marca el reloj
Es el lugar al que pertenezco
La seguridad total
Al filo de un cuchillo
11.23.2017
Hay algo que siempre me ha costado mucho, a lo largo de toda mi vida, que es pedir ayuda.
Todo radica en no querer molestar, especialmente a los seres queridos. Pero esta ruptura, con quien creía que iba a crear una vida juntos, me está resultando imposible de manejar sola. Así que he pedido ayuda.
No sólo están ahí familia y los amigos que sabía iban a comportarse como tales. Ellos escuchan, abrazan, hablan, besan. Están.
Ahora está una mujer, Laura. Es la persona que me va a ayudar a descubrir qué es eso que hace que me dé tanto miedo molestar, miedo a decir lo que siento, lo que pienso, lo que quiero, sin hacer daño. Y además de descubrirlo, a cambiar: a que deje de darme miedo.
Laura ayer me explicó que una relación es circular. No es causa-efecto. Por lo que no tenía sentido mi sensación de "soy culpable de esta ruptura porque no sé expresarme". Me explicó lo siguiente:
Yo (A) tengo miedo a hablar por no molestar. Eso puede hacer que la otra persona en la relación (B) se incomode. Pero si B no es capaz de crear un entorno en el que yo me sienta segura y cómoda para expresarme, no lo está haciendo bien, ya que yo me retraigo más. Y si, cuando venzo el miedo, al comunicarme lo que encuentro por parte de B es hermetismo, distancia, frialdad... Pues A se hace aún más pequeñita y se vuelve aún más invisible y triste.
Es un círculo.
Pero ese círculo puede romperse. Laura me decía: A y B pueden crecer, retroalimentarse para bien, y ser felices.
Para ello, al menos esta parte, A, va a trabajar. Porque quiero, necesito ser capaz de, cuando me pregunten "dime algo bueno de ti", ser capaz de responder porque lo oiga en mi interior. Y no romper a llorar porque escuche el vacío.
"Ahora no escuchas esa voz que te dice lo bueno de ti porque estás insegura, porque estás mal. Pero la oirás. Vamos a trabajar en ello y todo irá mucho mejor."
Hoy puedo decir algo bueno de mí: ante los problemas, no huyo. Busco soluciones, aunque éstas tarden más o menos en llegar.
Y si no soy capaz de encontrar sola esa solución, pido ayuda.
Pero no huyo. Y eso es bueno.
Todo radica en no querer molestar, especialmente a los seres queridos. Pero esta ruptura, con quien creía que iba a crear una vida juntos, me está resultando imposible de manejar sola. Así que he pedido ayuda.
No sólo están ahí familia y los amigos que sabía iban a comportarse como tales. Ellos escuchan, abrazan, hablan, besan. Están.
Ahora está una mujer, Laura. Es la persona que me va a ayudar a descubrir qué es eso que hace que me dé tanto miedo molestar, miedo a decir lo que siento, lo que pienso, lo que quiero, sin hacer daño. Y además de descubrirlo, a cambiar: a que deje de darme miedo.
Laura ayer me explicó que una relación es circular. No es causa-efecto. Por lo que no tenía sentido mi sensación de "soy culpable de esta ruptura porque no sé expresarme". Me explicó lo siguiente:
Yo (A) tengo miedo a hablar por no molestar. Eso puede hacer que la otra persona en la relación (B) se incomode. Pero si B no es capaz de crear un entorno en el que yo me sienta segura y cómoda para expresarme, no lo está haciendo bien, ya que yo me retraigo más. Y si, cuando venzo el miedo, al comunicarme lo que encuentro por parte de B es hermetismo, distancia, frialdad... Pues A se hace aún más pequeñita y se vuelve aún más invisible y triste.
Es un círculo.
Pero ese círculo puede romperse. Laura me decía: A y B pueden crecer, retroalimentarse para bien, y ser felices.
Para ello, al menos esta parte, A, va a trabajar. Porque quiero, necesito ser capaz de, cuando me pregunten "dime algo bueno de ti", ser capaz de responder porque lo oiga en mi interior. Y no romper a llorar porque escuche el vacío.
"Ahora no escuchas esa voz que te dice lo bueno de ti porque estás insegura, porque estás mal. Pero la oirás. Vamos a trabajar en ello y todo irá mucho mejor."
Hoy puedo decir algo bueno de mí: ante los problemas, no huyo. Busco soluciones, aunque éstas tarden más o menos en llegar.
Y si no soy capaz de encontrar sola esa solución, pido ayuda.
Pero no huyo. Y eso es bueno.
11.21.2017
11.18.2017
"No me gustan las 'espantás'. Si se quiere estar, se está."
Tiene razón. Se está. Contra viento y marea, así como con vientos alisios. Con ganas de mandar a la mierda como con ganas de hacer mimos. Se está. Salir corriendo no se pasa nunca por la cabeza.
He heredado ese concepto de relación. Y no soy la única. Mis amigos también lo tienen. No es algo desfasado. Todo esto me hace pensar que ese es el enfoque adecuado. El que consiste en QUERER:
Yo quiero.
Yo te quiero a mi lado.
Yo te quiero en mi vida.
Y me quiero en la tuya.
Nos quiero con las ideas claras. Con la importancia de querer al otro, a pesar de todo.
Sin espantás que valgan.
"Más allá donde no alcanza la vista llegaban mis expectativas."

Los milagros existen, como dice Iribarren. Y luego duelen.
Las "espantás" son las que acaban con los milagros.
Yo prefiero estar. Prefiero creer en los milagros. Y que mis expectativas sean tan grandes como el mar.
Fuimos el mar. Seamos océano.
11.12.2017
Cuando quieres a alguien, cuando alguien te importa de verdad, estás. Permaneces.
Puede que pienses que no sabes hacer más, que no es suficiente. Pero lo importante lo has hecho. Quedarte.
Sea más o menos complicado ese paso más de la vida. El caso es que estás.
El resto del camino ya se resolverá, por enrevesado que resulte, en buena compañía familia, amigos, amor.
El resto del camino ya se resolverá, por enrevesado que resulte, en buena compañía familia, amigos, amor.
Si, por el contrario, te asustas y huyes, si lo que sueltas es la mano de quien decías amar, de la persona con la que decías crearías tu vida, tu familia, tus sueños... Entonces parece que esa persona no ha sido más que un juguete temporal, una anécdota de ilusión pasajera.
Si la confusión, el miedo te han hecho hacerme esto, pero estás convencido de quererme en tu vida, convencido de que valgo más que putos trabajos de futuro incierto, entonces vuelve.
Porque yo sí estoy. Permanezco.
Porque yo sí estoy. Permanezco.
11.06.2017
"Puedo fingir que no te he visto,
pensar que no soy lo que querías
pero con todo te lo digo
M,
Eres la persona extraña a la que más he querido en mi vida. Eres la persona que elegí como familia fuera de mi familia. Eres quien dibujaba la silueta de un futuro precioso en medio de los vaivenes de la vida. Eres por quien sentí ilusión y confianza de nuevo ante la idea de tener hijos. Eres quien hizo que la palabra "compromiso" fuese algo liviano. Eres quien más feliz me hizo sentir.
Puedo inventar mil formas de enfrentarme a tu ausencia, a tu decisión de salir de mi vida, de sacarme de la tuya. Puedo batallar hasta que mi propio cerebro se vence a sí mismo. Puedo llorar hasta literalmente ahogarme. Puedo gritar en silencio sintiendo el terror de volverme loca ante esta impotencia. Puedo, lo hago, no lo busco, pero existe; todo este daño está aquí, conmigo. Y el tiempo se toma su tiempo para darme una tregua, como si me estuviera castigando por haberte querido como te quiero.
Puedo buscar "el camino correcto" para intentar "curarme": no preguntar por ti, bloquear cualquier posibilidad de ver fotos en las que rehagas tu vida (y yo no estar en ella), puedo repetir mil veces "se acabó, es su decisión y yo debo respetar esa distancia que ha puesto", aunque al mismo tiempo contenga mi locura de coger el coche e ir a buscar tu abrazo. Puedo intentarlo todo. Y no conseguir nada.
Eres tú a quien sigo queriendo.
Eres tú a quien sigo esperando.
Puedo analizar y saber que no me equivoco cuando entiendo que esto ha sido una huida, un no enfrentarse al mínimo de los problemas (que es, simplemente, aprender a comunicarte con una de las personas más importantes de tu vida); podría usarlo como arma, como retroceso y fuente de recelo al pensar "¿... y ante algo grave, volvería a irse?". Podría, y ahí está el pensamiento. Me ayuda a seguir buscando la objetividad en todo esto. Me ayuda a comprender, a aprender, y a saber que mi concepto de pareja es bueno, bonito y sano, y en absoluto inmaduro.
Quizá sería más fácil si estuviera enfadada. Pero no lo estoy.
Sólo infinitamente triste. Doliente.
Porque sigo pensando que encajamos. Con nuestras taras, pero encajamos.
Seguiré jugando el juego del tiempo, pues no me queda otra. Seguiré buscando la sonrisa a cada momento que me sea regalada, porque también vendrán llantos. Es la vida. Aunque ahora tenga que recordar cómo hacerlo sola.
Era tan bonito pensar que podíamos aprender a reír y llorar juntos. A ser débiles y fuertes juntos.
Sólo sé que te quiero. Te quiero como a nadie. Que necesito verte, abrazarte, olerte. Que me abraces, me huelas, me quieras.
Y que te espero. Aún te espero. Pero no tardes, mi amor, que esto duele demasiado...
6.26.2017
Acierto de pleno.
Apenas unas notas en las que modula a puntos más amables, más alegres, pero que no son más que un espejismo. O quizá el caos del no parar de la mente en medio del bloqueo.
Mientras, sigue corriendo el agua y el vino. Como sangre licuada de una herida que sabes está ahí, que la ves, que sabes tuya, pero no eres capaz de sentir. Todavía.
Hay música que es un canal abierto para sacar lo que no hay manera humana de expresar con palabras.
8.04.2016
Se me hace extraño (quizá por restos de inocencia) de repente parar el tiempo y sentir que estoy sola. Aunque haya gente en mi vida que me quiere, a la que importo, con la que estoy conectada, en última instancia estoy sola. Y alguna vez, como ahora que entra un mínimo de aire por la terraza en esta tarde abrasadora de agosto, tengo plena consciencia de ello.
Pero no ha supuesto una reacción en cadena de miedos.
Simplemente, ha sido recordar la verdad. Estamos solos, porque somos únicos, movibles, mutables. Porque nos podemos adaptar sin abandonarnos, aunque tengamos que perdernos y reencontrarnos tantas veces como planetas haya.
Pienso en quienes me han importado y me importan. Algunas de esas personas apenas están en mi vida, o en su momento decidieron que me fuese con mi música a otra parte. De algún modo, aunque sola, esa conexión permanecerá siempre latente. Y es bonito. Forja vida.
Ahora mismo me gustaría sentarme frente al mar y contarle esto. También está solo, tampoco tiene dueño. Sé que me entendería, y me acariciaría los pies.
Pero no ha supuesto una reacción en cadena de miedos.
Simplemente, ha sido recordar la verdad. Estamos solos, porque somos únicos, movibles, mutables. Porque nos podemos adaptar sin abandonarnos, aunque tengamos que perdernos y reencontrarnos tantas veces como planetas haya.
Pienso en quienes me han importado y me importan. Algunas de esas personas apenas están en mi vida, o en su momento decidieron que me fuese con mi música a otra parte. De algún modo, aunque sola, esa conexión permanecerá siempre latente. Y es bonito. Forja vida.
Ahora mismo me gustaría sentarme frente al mar y contarle esto. También está solo, tampoco tiene dueño. Sé que me entendería, y me acariciaría los pies.
7.16.2016
De alguna manera, quiero confiar en mis instintos, en mi intuición. Para saber qué remedio poner a lo que temo, y que en cierto modo confirmaste la otra tarde. Me quieres, aún me quieres, pero te vas alejando. Aumenta el grosor de tu muro de plomo, ese que un día no existía y me permitió ilusionarme.
Quiero confiar en mis instintos y que la alerta me ayude a encontrar el camino. Aunque sola no pueda: te necesito conmigo en esto.
Te quiero mucho, te quiero intuir mucho, todo lo que pueda. Porque no eres sencillo ni te tengo calado, como tú me dices. Porque el asomo de mínimo resquicio de dolor de estos días ante el temor de separar nuestros caminos, me aterra. El dolor por perderte me dejaría en ruinas. De esas que no hay quien reconstruya.
Has retrocedido pasos. He preguntado, supuesto. Intuido. Y hasta ahora he acertado.
Por eso quiero confiar en mis instintos.
Porque pienso que me quieres, aún me quieres como yo te quiero. Es sólo que la maldita distancia nos impide verlo.
6.04.2016
Sorpresas te da la vida.
Llega un mail de la persona que menos esperabas, pidiendo ayuda. Surgen sensaciones que mezclan sorpresa, compasión, y cierto temor añejo. Supongo que una respuesta prudente habría sido "llama a otra puerta". Pero bueno, prudente o no, mi puerta no se cierra en según qué situaciones.
Llega una llamada de teléfono. Honestamente, no sé si estar yo al otro lado de la línea ha servido para algo; quiero creer que sí, aunque yo sepa que no tengo las respuestas (las tiene él, pero da miedo verlas).
"Estoy fuerte, llama si quieres". Bien por mí. Tenía razón. No hay heridas abiertas. Me quedo pensando y me sale una sonrisa: quizá sea que me hago mayor. La urgencia que puedo sentir ahora es de querer ayudar, por no querer que se sienta así: porque SÉ cómo se siente uno estando así, sé de esa angustia, sé de la impotencia y no ver el camino. Sin embargo hay camino (siempre hay camino), aunque no se vea.
Hoy no cabía ahondar en la cobardía, en el miedo. Tocaba ayudar a respirar de nuevo (un poquito, al menos). Eso creo. La respuesta no la tengo; la respuesta está en respetarse a sí mismo, valorar lo que de verdad importa, sin refugiarse en otros egoísmos. Para tener a alguien fuerte a tu lado, necesitas primero ser fuerte tú. Querer, necesitar, valorar y desear tu propia compañía. Aceptar tus miserias para poder enfrentarlas. Para respirar, parar, asumir que todo puede perderse. Y que no pasa nada.
El camino sigue. Siempre va a seguir. Cambiará el color, cambiarán los actores. O no. Pero el camino siempre sigue. Y el único que sigue en ese camino eres tú. Porque ese camino no es de otro, sino tuyo.
Aprende a aceptar tus miserias, si es que quieres cambiarlas. Aprende a aceptar la pérdida. A descubrir que no hay precipicios, sólo algunos puñetazos en el estómago que ayudan a volver a respirar profundo para seguir adelante.
Te daría un abrazo, quizá más por mí que por ti, pero también hay que aprender a dejar que las distancias sean recorridas en tiempo y forma por la persona adecuada.
Te diría "estoy apenas a un kilómetro de donde te encuentras; si necesitas dar un paseo, y hablar en movimiento, cuenta conmigo". Pero no quiero malas interpretaciones. Ni tuyas ni mías.
Me he dado cuenta de que no siento nada de rencor. Y que ni por lo más remoto te deseo ningún mal. Al contrario.
Ojalá pronto se te pase esa angustia. Y más aún deseo que, por fin, de una vez por todas, venzas ese miedo a la soledad, ese disfrazarte con alegría superficial, esa cobardía. Porque eres algo diferente a eso.
Llega un mail de la persona que menos esperabas, pidiendo ayuda. Surgen sensaciones que mezclan sorpresa, compasión, y cierto temor añejo. Supongo que una respuesta prudente habría sido "llama a otra puerta". Pero bueno, prudente o no, mi puerta no se cierra en según qué situaciones.
Llega una llamada de teléfono. Honestamente, no sé si estar yo al otro lado de la línea ha servido para algo; quiero creer que sí, aunque yo sepa que no tengo las respuestas (las tiene él, pero da miedo verlas).
"Estoy fuerte, llama si quieres". Bien por mí. Tenía razón. No hay heridas abiertas. Me quedo pensando y me sale una sonrisa: quizá sea que me hago mayor. La urgencia que puedo sentir ahora es de querer ayudar, por no querer que se sienta así: porque SÉ cómo se siente uno estando así, sé de esa angustia, sé de la impotencia y no ver el camino. Sin embargo hay camino (siempre hay camino), aunque no se vea.
Hoy no cabía ahondar en la cobardía, en el miedo. Tocaba ayudar a respirar de nuevo (un poquito, al menos). Eso creo. La respuesta no la tengo; la respuesta está en respetarse a sí mismo, valorar lo que de verdad importa, sin refugiarse en otros egoísmos. Para tener a alguien fuerte a tu lado, necesitas primero ser fuerte tú. Querer, necesitar, valorar y desear tu propia compañía. Aceptar tus miserias para poder enfrentarlas. Para respirar, parar, asumir que todo puede perderse. Y que no pasa nada.
El camino sigue. Siempre va a seguir. Cambiará el color, cambiarán los actores. O no. Pero el camino siempre sigue. Y el único que sigue en ese camino eres tú. Porque ese camino no es de otro, sino tuyo.
Aprende a aceptar tus miserias, si es que quieres cambiarlas. Aprende a aceptar la pérdida. A descubrir que no hay precipicios, sólo algunos puñetazos en el estómago que ayudan a volver a respirar profundo para seguir adelante.
Te daría un abrazo, quizá más por mí que por ti, pero también hay que aprender a dejar que las distancias sean recorridas en tiempo y forma por la persona adecuada.
Te diría "estoy apenas a un kilómetro de donde te encuentras; si necesitas dar un paseo, y hablar en movimiento, cuenta conmigo". Pero no quiero malas interpretaciones. Ni tuyas ni mías.
Me he dado cuenta de que no siento nada de rencor. Y que ni por lo más remoto te deseo ningún mal. Al contrario.
Ojalá pronto se te pase esa angustia. Y más aún deseo que, por fin, de una vez por todas, venzas ese miedo a la soledad, ese disfrazarte con alegría superficial, esa cobardía. Porque eres algo diferente a eso.
11.20.2015
A veces eres perfectamente consciente de cuándo envejeces. Son esos momentos en los que la sensación en pecho, garganta y ojos se hace una línea líquida, un eje que te mantiene en pie. Electricidad en las manos que no puedes llevar a tierra. Vacío, como cuando te alejas de la costa sin querer. Pérdida. El tiempo que se para, sumando distancia, como si desde otra vida más sabia intentaras abrazarte para que la decepción no doliera tanto.
Y sólo eres agua en tu cerebro y tu corazón.
"The sun said nothing
About my demise
My fall to the floor
[...]
These floorboards creaking
My body's old
The sun casts a shadow
At dusk that cuts through your bones
Your body and soul”
11.08.2015
"... y yo te digo que tú has luchado por él lo que no está escrito, no me puedes decir lo contrario, porque es así. No sólo has luchado por él, sino que has luchado contra ti por él. Eso no te hace culpable de nada, más bien lo que deja claro es lo que le quieres. Y eso vale todo en una relación. Lo demás... son gilipolleces."
Abres un viejo libro tuyo y descubres lo que te escribió un buen amigo en un momento que precisamente lo necesitabas. Y la sensación de gratitud vuelve, por ese pasado y este presente.
La calma regresa y el corazón reposa. Cabeza fría.
8.20.2015
7.16.2015
5.27.2015
Varias cervezas vacías sobre la mesa. La puerta de la terraza abierta. Sol a través del cristal y del aire templado. Risas con lagrimones fingidos al volver a ver el sol, por eso de que en "Mordor" no existe y oye pues, que se echa de menos...
Una pierna por detrás de su espalda, la otra encima. Una petición de mordisco en la cara interna del muslo, para luego seguir hablando como si tal cosa. Obediencia y diálogo, como buenos políticos. La luz que se va, la penumbra que se queda. Calma en la calle: la charla sigue. Y en un incorporarse súbito, un beso improvisado.
Muchos más besos detrás del primero. Manos que fluyen sin hacer parada de seguridad. Ropa fuera, que no hace falta para bucear aguas cálidas. Ni un solo pensamiento de culpabilidad o arrepentimiento. La noche que pasa entre el sofá, la cama y los cuerpos. Ninguna traba arriba, abajo, delante, detrás. Y siempre los labios guiando esta nueva inmersión.
Una sorpresa tranquila. Un paseo por dentro y por fuera: la reacción del cuerpo, perfecta, siempre nueva, al unirse a otro, sirviendo para reconciliarse con el género, naturaleza base. Hasta el punto de perder la cabeza durante un instante y pensar "te quiero". Se esfuma el pensamiento con el orgasmo. Relajación y silencio vienen de la mano, con otras caricias que siguen, ahora leves; con los cuerpos pegados, intuyéndose. Viene el sueño...
Viene la madrugada. Se va el sueño, vuelve la piel.
Al final la noche se marcha. Él se marcha. Y la coraza fría vuelve a posarse sobre el cuerpo.
Tan fría que da miedo.
5.23.2015
Pasan los días. Días que se convierten en años casi sin darse uno cuenta. Y los fantasmas que han ido anidando en mí durante ese tiempo bostezan, aburridos del control férreo al que les vengo sometiendo desde el momento en que dije "ya está bien" ante sus perrerías.
Pasan los años, y con ellos la vida de cada uno, que transcurre por vericuetos inesperados. Gente que se va, gente que aparece, otra que permanece... Los fantasmas siguen ahí.
Hoy he estado en la boda de un amigo cuya vida hace un tiempo se iluminó y, sin buscarlo, apareció distancia entre nosotros. Pero me tiene en mente, y yo a él. Hoy he tenido la suerte de compartir un trocito de su felicidad bajo el techo de la parroquia de una de las vírgenes en las que él tanto cree. Sólo he estado en la ceremonia. Era el momento más importante para él, y era ese el momento en el que yo quería acompañarle. Durante una hora desaparecieron años y distancia, y he podido sonreír viendo su alegría.
Los fantasmas decidieron ponerse los tacones y venir conmigo. No les podía ver, pero creo que se frotaban las manitas transparentes esperando tener una buena dosis de nostalgia, miedo y una punzada de dolor llevándome al día que ellos nacieron. Vamos, que esperaban cenar palomitas viendo su película favorita en el sofá.
Cuando he vuelto a casa, los fantasmas estaban desconcertados. Yo, tranquila.
Y sorprendida.
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