Al final, la luz se fue entre los prunos. Esos árboles rojos que tanto te gustaban y de los que no sabías su nombre. Igual que se fue, como paso inevitable, la belleza de la rosa que te envié, y respondió a mi foto tu foto de una rosa marchita.
Se marchitaron las rosas, la luz se fue, y la noche vino sola, para sentarse a mi lado sin decirme nada.



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